Historia del Bauhaus

En el año 1919 el arquitecto Walter Gropius fundó una escuela de diseño, arquitectura e industria en Weimar, llamada Bauhaus, que duró lo que la República del mismo nombre, es decir hasta que triunfó el nazismo en Alemania. Fue una escuela de arte en la que trabajaron algunos de los artistas más importantes de la época, que tenía entre sus finalidades unir en una formación artesana las nuevas exigencias de la tecnología y de la industria.

La base de la enseñanza del complejo estaba en la formación en los talleres, dando capital importancia a la formación práctica de los alumnos. Los talleres eran de escultura, pintura, teatro, ebanistería, alfarería, tapicería, publicidad, arquitectura, grabado, etc. y servían para experimentar la producción industrial y en serie, vendiendo en ocasiones las patentes a diferentes fabricantes. Es la formulación práctica de lo que hoy conocemos como diseño.

Pero sin duda lo que mayor trascendencia ha dado a la Bauhaus es la arquitectura, ya que uno de sus objetivos primordiales era la “renovación de la arquitectura, del diseño y del mobiliario urbano” y todavía hoy muchas de sus producciones resultan increíblemente modernas, como las lámparas de Brandt, los muebles de Breuer, las vajillas de Bogler o los tapices de Marta Erps-Breuer, pero sin olvidar que sus tres directores Gropius, Meyer y van der Rohe fueron arquitectos. Tras la Primera Guerra Mundial se asiste al culto extremo por los nuevos materiales arquitectónicos (el vidrio, el acero, el hormigón) y por las soluciones constructivas elementales como elemento dominante en la arquitectura, tanto la recta de los racionalistas, como la quebrada o curva de los expresionistas.